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sábado, 4 de julio de 2026

Los nombres de la esperanza

Opinión- Actualidad Metropolitana

4 de julio de 2026

Por: Juan Carlos Jurado


Hay algo que los analistas políticos llaman gabinetología. No es ciencia exacta ni tiene fórmula matemática. Es el arte, casi intuitivo, de leer un gobierno antes de que empiece a gobernar. De descifrar en los nombres que se anuncian la señal de hacia dónde va el timón.




Y esta semana, los nombres que ha ido soltando el presidente electo Abelardo de la Espriella me dan razones para creer.

No es fe ciega. Es lectura.


Empecemos por donde más duele el bolsillo de cualquier colombiano: la economía.

Miguel Gómez Martínez llega al Ministerio de Hacienda. Fue presidente de Bancóldex, vicecontralor general de la República, representante a la Cámara por Bogotá, presidente ejecutivo de Asocolflores, embajador de Colombia en Francia y decano de la Facultad de Economía de la Universidad del Rosario. 

Un hombre que conoce el Estado por dentro sin que el Estado lo haya corrompido por fuera. Eso, en Colombia, no es poca cosa.

El propio De la Espriella dijo al anunciarlo que entiende que “cada peso de los colombianos debe administrarse con responsabilidad y que sabe que la confianza es la base de una economía fuerte.”Suena a lugar común hasta que uno recuerda lo que vivimos estos cuatro años: un ministerio de Hacienda que usó cada peso como palanca ideológica y cada presupuesto como declaración de guerra al sector privado.

La confianza, como bien saben Hayek y los liberales clásicos, no se decreta. Se construye con señales. Y este nombramiento es una señal clara.


Para el Ministerio del Interior, De la Espriella eligió a Rodrigo Lara, de quien dijo que es “el que nunca, a pesar de haber sido víctima de la violencia, dejó de trabajar por su patria; el que nunca renunció a sus principios.”

No es retórica de discurso. Lara carga una historia familiar que muy pocos colombianos podrían soportar sin amargarse. Y sin embargo ahí está, apostando de nuevo por las instituciones, por el diálogo, por la democracia que funciona encima de la mesa. Él mismo lo dijo: “aquí no va a haber transacciones ocultas ni burocráticas y que toda la relación que exista con el Congreso se va a hacer por encima de la mesa.” 

En un país donde el clientelismo ha sido el lubricante de todos los gobiernos, esa frase merece al menos el beneficio de la duda. Y merece que se la repitan en voz alta hasta que se vuelva obligación cumplirla.


Para el Ministerio de Ambiente llega Fabio Arjona Hincapié, biólogo marino, investigador y director de Conservation International Colombia, con veinte años de liderazgo desde la sociedad civil, experiencia como viceministro de Medio Ambiente y trayectoria como consultor del Banco Mundial. 

Este nombramiento dice algo importante que a veces se olvida en el debate político colombiano: defender la libertad económica no significa ignorar la naturaleza. De la Espriella lo dijo al anunciarlo: “proteger el medio ambiente no es un discurso, sino una responsabilidad con las generaciones presentes y futuras.” Un gobierno que entiende que desarrollo y conservación no son enemigos, sino socios obligados, ya va un paso adelante del anterior.


En el sonajero, con fuerza creciente, suenan otros nombres que también invitan al optimismo. Mauricio Gómez Amín, jefe de debate de la campaña, de quien el propio presidente electo dijo que “es uno de los pocos políticos que han tenido una carrera transparente y limpia”, apunta al Ministerio de Comercio. Y Viviane Morales, figura con autoridad moral reconocida incluso por quienes no comparten todas sus posiciones, suena con fuerza para Educación.

Son nombres que todavía no tienen confirmación oficial. Pero que ya dicen algo sobre el criterio con el que se está armando este gobierno.


Platón, en La República, se preguntaba quién debía gobernar. Y su respuesta, más allá de la controversia filosófica que genera, tenía una lógica: deben gobernar los que mejor conocen la tarea. No los más populares, no los más ruidosos, sino los más preparados para servir.

Esa idea, tan antigua y tan poco aplicada en América Latina, parece estar guiando la gabinetología de De la Espriella. No un gabinete de amigos que cobran favores. No un gabinete de ideólogos que imponen visiones. Un gabinete de gente que sabe hacer lo que le toca hacer.

Eso, en este país y en este momento, no es un detalle. Es casi una revolución silenciosa.


Faltan muchos nombres por confirmar. El 7 de agosto todavía está lejos y en política una semana es un siglo. Pero lo que se ve hasta ahora invita a algo que Colombia lleva años necesitando y que ningún decreto puede fabricar: esperanza con argumentos.

No la esperanza ingenua que se entrega sin condiciones. Sino esa otra esperanza más adulta, más exigente, que dice: voy a creer, pero voy a estar mirando.

Ese es el pacto que le propongo a este gabinete que empieza. Colombia creyó. Ahora, no la defrauden.

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