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viernes, 17 de julio de 2026

La derecha cambió de jefe

Opinión- Actualidad Metropolitana

17 de julio de 2026

Por: Omar Jiménez

La política tiene una regla que suele cumplirse con una precisión casi matemática y es que las victorias electorales no solo entregan el poder, también redistribuyen las jerarquías.




Y eso parece estar ocurriendo con la derecha colombiana, durante más de una década, el Centro Democrático fue el principal punto de referencia de ese sector político, Álvaro Uribe Vélez no solo fue un expresidente con enorme influencia; fue el líder que logró organizar una corriente ideológica, construir una identidad política y convertirse en el principal contradictor de la izquierda en el país.

Pero la llegada de Abelardo de la Espriella a la Presidencia parece haber abierto un nuevo capítulo, la derecha colombiana tiene ahora un nuevo rostro, un nuevo discurso y, sobre todo, un nuevo jefe político. El dato es contundente, el Centro Democrático, pese a su respaldo durante la contienda electoral, no tendrá representación ministerial en el nuevo gabinete. Su principal espacio de poder estará en la Presidencia de la Cámara con Daniel Briceño, para algunos, esto es una muestra de independencia de Abelardo frente a quienes fueron sus aliados, para otros, una señal clara de que el uribismo dejó de ser el centro gravitacional de la derecha.

La política tiene esas paradojas. Quienes ayudaron a construir una victoria no siempre terminan administrando sus frutos; mientras algunos sectores esperaban un gobierno ampliamente influenciado por el uribismo, Abelardo parece haber optado por una fórmula distinta, construir un gobierno propio, con equilibrios regionales, perfiles técnicos y figuras provenientes de diferentes sectores políticos.

Ahí aparece una de las grandes preguntas de este nuevo escenario, ¿Abelardo llegó a representar al Centro Democrático o llegó a reemplazarlo como la principal fuerza de la derecha? La respuesta parece inclinarse hacia la segunda opción, esto no significa que el uribismo vaya a desaparecer, sería un grave error desconocer la fuerza electoral, histórica y política que todavía conserva. Pero sí parece evidente que perdió el monopolio de la representación de la derecha. El liderazgo ya no tiene un solo apellido.

La política colombiana podría estar presenciando una transición similar a las que han ocurrido en otros momentos de la historia, cuando un nuevo liderazgo emerge, los antiguos referentes deben decidir si se convierten en aliados, contradictores o protagonistas de una nueva etapa.

El reacomodo también se observa en el gabinete, la llegada de figuras como Jaime Gómez Martínez al Ministerio de Hacienda, acompañada por la presencia política de su hermano Enrique Gómez Martínez en el Senado y la designación de Nicolás Gómez Martínez en la Secretaría de Presidencia, abre otro debate sobre la influencia de los grupos familiares y las estructuras tradicionales en el nuevo gobierno, a la vez del resurgimiento del movimiento Salvación Nacional que tendrá un juego interesante en las elecciones locales de 2027.

No es un debate nuevo en Colombia, la política siempre ha funcionado alrededor de liderazgos, apellidos, regiones y redes de poder, la pregunta no es si eso existe, la pregunta es si esas estructuras estarán al servicio de un proyecto nacional o terminarán reproduciendo las viejas prácticas que muchos ciudadanos dijeron querer superar.

Porque aquí aparece la gran paradoja de Abelardo de la Espriella, llegó al poder prometiendo una ruptura, pero ahora enfrenta la realidad más antigua de la política, nadie gobierna solo, necesita aliados en el Congreso, necesita gobernabilidad y necesita construir puentes, incluso con aquellos que hasta hace poco parecían adversarios irreconciliables. 

La política tiene otra regla no escrita, los enemigos de ayer pueden convertirse en los aliados de mañana cuando cambian las circunstancias, por eso no sería extraño que en los próximos meses Colombia vea movimientos que hoy parecen imposibles, ¿Podrían tenderse puentes entre sectores históricamente enfrentados? ¿Podría existir un diálogo entre figuras como Iván Cepeda y Álvaro Uribe en nombre de la estabilidad institucional? En la política nada es imposible cuando los intereses cambian, también cambian las lealtades y las ideologías.

El tiempo dirá si Abelardo de la Espriella será recordado como el presidente que transformó la derecha colombiana o simplemente como el dirigente que ocupó el espacio que dejó un liderazgo anterior, pero una cosa parece clara, después de esta elección, la derecha colombiana ya no será la misma.

El poder cambió de manos, y con él, cambió también quién pone las nuevas reglas del juego.

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