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viernes, 19 de junio de 2026

Las Fuerzas Armadas no son el enemigo

Opinión- Actualidad Metropolitana

19 de junio de 2026

Por: Juan Carlos Jurado


Hace unos días vi en redes un video de un soldado llorando en el entierro de un compañero. Los comentarios me dejaron frío. La mitad lo lloraba. La otra mitad escribía cosas como “eso les pasa por defender al Estado opresor.”




Tuve que cerrar el teléfono un momento.

No por indignación performática. Por cansancio real. Cansancio de un país que aprendió a ver al soldado como sospechoso por defecto, en lugar de verlo como lo que realmente es: la razón por la que el resto de nosotros puede dormir tranquilo.

Algo se nos dañó en el camino. Y hay que repararlo.


Hay un discurso que se volvió cómodo en ciertos círculos: cuestionar a las Fuerzas Armadas pasa por sofisticación intelectual, y respaldarlas por ingenuidad de derecha. Como si la institución que sostiene la posibilidad misma de tener Estado fuera un tema del que hay que disculparse en una cena elegante.

Eso no resiste el menor análisis serio.

Ningún país sobrevive sin unas Fuerzas Armadas leales a su Constitución. Ninguno. Suiza, con toda su fama de neutralidad pacífica, tiene un sistema de defensa que cualquier país envidiaría. Estados Unidos, cuna del liberalismo moderno, jamás ha prescindido de un ejército robusto. La libertad no flota sola en el aire. Alguien la cuida. Alguien madruga, alguien patrulla un territorio sin nombre, alguien no vuelve a casa para que el resto de nosotros sí podamos volver a la nuestra.


Karl Popper hablaba de las instituciones como esas estructuras que protegen a la sociedad abierta de sus propios enemigos, sin importar de dónde vengan. Unas Fuerzas Armadas sometidas al poder civil, sometidas a la Constitución, son exactamente eso: una institución que blinda el sistema completo. No un poder paralelo. No una amenaza. Un sostén.

Hobbes, que de libertario no tenía ni la sombra, entendió algo que sigue siendo verdad varios siglos después: sin un poder legítimo que garantice el orden, no hay sociedad civil posible. Solo queda miedo, desconfianza, y la violencia resuelta a puño o a bala entre particulares.

La alternativa a un Estado con fuerza legítima no es un paraíso espontáneo de libertad. Es la ley del más armado, sin control, sin Constitución, sin nadie a quien rendirle cuentas.

Colombia conoce esa alternativa de memoria. Tiene varios nombres según la región: guerrilla, bacrim, “los muchachos que cobran la vacuna.” Territorio donde manda el que tiene más fusiles, no el que tiene la razón.

Cada vez que un soldado ocupa un corregimiento que antes controlaba un grupo armado ilegal, no está defendiendo a un gobierno de turno ni a un partido. Está defendiendo la posibilidad de que ahí exista un juez, una escuela que abra sus puertas en paz, una alcaldía que gobierne sin recibir órdenes de un comandante con alias.


Pienso en eso cada vez que veo la bandera sobre un féretro. Pienso en las familias que entierran a alguien que ni siquiera conocíamos, en pueblos que nunca visitamos, defendiendo una Constitución que la mayoría de nosotros solo lee cuando hay un examen.

Ese soldado no eligió la guerra. Eligió servir. Y ese policía que llega primero cuando todo lo demás falló tampoco eligió ser héroe esa noche. Simplemente estaba ahí, cumpliendo con algo que el resto de nosotros delegamos en él hace mucho tiempo, casi sin darnos cuenta.

Por eso me parece urgente decirlo sin rodeos, sin la timidez que tantas veces nos paraliza: las Fuerzas Armadas colombianas merecen nuestro respaldo. No el respaldo tibio de quien aplaude de lejos, sino el respaldo de quien entiende que sin ellas, sencillamente, no hay país que defender.


Aristóteles decía que somos animales políticos, hechos para vivir en comunidad. Pero ninguna comunidad sobrevive si no protege primero las condiciones básicas de su propia existencia. La Constitución, el orden, la paz relativa que disfrutamos: nada de eso se sostiene solo. Alguien lo sostiene por nosotros, todos los días, casi siempre en silencio y sin que nos enteremos.

Apoyar a nuestras Fuerzas Armadas no es una postura ideológica. Es gratitud elemental hacia quien se juega la vida para que el resto de nosotros pueda darnos el lujo de opinar tranquilamente desde una columna.


*Este espacio de opinión es de carácter personal. Las ideas aquí publicadas son responsabilidad exclusiva de quien las escribe.

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