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lunes, 8 de junio de 2026

La desinformación, el tercer candidato

Política- Actualidad Metropolitana

Lunes 8 de junio de 2026

Por: Actualidad Metropolitana

El próximo 21 de junio, los colombianos elegirán al nuevo presidente de la República. En el tarjetón estarán dos visiones opuestas de país: Iván Cepeda, candidato de izquierda por el Pacto Histórico, quien representa la continuidad del gobierno de Gustavo Petro; y Abelardo de la Espriella, candidato de derecha por el Movimiento Defensores de la Patria, quien irrumpió en la política colombiana como un outsider que supo leer el descontento de millones de ciudadanos.



Los resultados de la primera vuelta dejaron un mapa claro: De la Espriella obtuvo 10.366.143 votos, Cepeda 9.703.921, Paloma Valencia 1.640.989 y Sergio Fajardo 1.009.346. La diferencia entre los dos primeros es estrecha, y el desafío para ambos candidatos será el mismo: convencer a los votantes de Valencia, de Fajardo y de quienes aún no han decidido, de que su propuesta merece el voto el 21 de junio.


Pero hay un tercer actor en esta contienda que no figura en ningún tarjetón, que no tiene candidato ni partido, y que sin embargo está influyendo de manera determinante en la campaña: la desinformación.


Una campaña que se libra en la oscuridad

En la recta final hacia la segunda vuelta, la disputa entre los dos candidatos se ha endurecido. Es natural: las elecciones aprietan y los equipos de campaña intensifican sus mensajes. Lo que no es natural —ni aceptable— es la avalancha de contenido falso que circula a diario por redes sociales y cadenas de WhatsApp, sembrado deliberadamente para confundir, asustar y polarizar a los votantes.


La desinformación electoral no llega sola. Viene disfrazada de urgencia: audios manipulados que atribuyen frases nunca dichas, fotos antiguas presentadas como recientes, encuestas sin ficha técnica que circulan como si fueran datos científicos, videos editados que sacan de contexto declaraciones de ambos candidatos. Su objetivo no es informar. Es provocar una reacción emocional que lleve al ciudadano a votar no por una propuesta, no por una convicción, sino por el miedo o la rabia que alguien más fabricó para él.


En este escenario, el ciudadano queda expuesto a tomar la decisión más importante de los próximos cuatro años con información que no corresponde a la realidad de ninguno de los dos candidatos.


Cómo detectar una noticia falsa

Ante este panorama, la mejor herramienta es el criterio propio. Aquí algunas claves para no dejarse engañar:


  1. Verifique la fuente, la fecha y el contexto. Antes de compartir cualquier información, pregúntese: ¿quién la publica?, ¿cuándo fue publicada?, ¿en qué contexto fue dicha o tomada?
  2. Desconfíe del contenido generado con inteligencia artificial. Las imágenes poco nítidas, los audios con cortes extraños o voces que suenan artificiales, y los videos donde los movimientos faciales no coinciden con el audio, son señales de alerta.
  3. Acuda a las fuentes oficiales. Consulte directamente los portales y redes sociales verificadas de los candidatos. No se quede con la versión que le llega por cadena: búsquela, contrástela, verifíquela.

Cuando la mentira amenaza la democracia

Colombia ha construido su democracia a un costo altísimo. Décadas de conflicto, de voces silenciadas, de líderes asesinados por atreverse a disentir. Cada voto que se deposita el día de las elecciones es, en cierta medida, el resultado de ese largo y doloroso proceso de aprender a resolver las diferencias en las urnas y no en los campos de batalla.


Por eso, cuando la desinformación se convierte en estrategia de campaña, el daño no se mide solo en votos ganados o perdidos. Se mide en ciudadanos que dejan de creer en las instituciones, en procesos electorales que pierden legitimidad antes de que se cuente el primer voto, en una democracia que se erosiona desde adentro, no por la fuerza de las armas, sino por la fuerza de una mentira compartida millones de veces.


Una democracia que no puede garantizar que sus ciudadanos voten con información veraz es una democracia en riesgo. Y ese riesgo no tiene ideología: afecta por igual a quienes apoyan a De la Espriella y a quienes apoyan a Cepeda. La desinformación no distingue entre derecha e izquierda. Solo distingue entre los que la usan y los que caen en ella.


Colombia merece un debate real, basado en propuestas reales. Merece que el 21 de junio cada ciudadano llegue a las urnas habiendo elegido con la cabeza y con el corazón, no con el miedo que alguien más le instaló en el celular. Ese es el país que queremos. Ese es el país que todavía podemos construir, si decidimos ser más exigentes con la información que consumimos y compartimos.


La segunda vuelta la gana un candidato. Pero la democracia la ganamos —o la perdemos— todos.

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