Opinión- Actualidad Metropolitana
19 de junio de 2026
Por: Omar Jiménez
Hay semanas que parecen escritas por un país distinto al que solemos habitar y al que estamos acostumbrados a la conversación pública dominada por la agresión, el insulto y la incapacidad de reconocer al contradictor como un ciudadano legítimo porque la política se convirtió en un campo de batalla emocional donde la victoria parece depender de destruir en vez de convencer al adversario.
Sin embargo, esta semana a raíz de un partido de fútbol donde todos latimos al ritmo de una sola nación, Colombia dejó ver otra cara, una más unida, más serena, más consciente de la magnitud del momento que atraviesa. Un país que, pese a las diferencias profundas que la dividen, entiende que existen intereses superiores a cualquier político, campaña o candidato.
Este domingo millones de colombianos acudirán a las urnas para decidir quién conducirá los destinos del país durante los próximos cuatro años.
Es una decisión trascendental, quizás una de las más importantes de nuestra generación. Por eso vale la pena votar informado, reflexionar antes de marcar el tarjetón y asumir con responsabilidad el enorme poder que representa nuestro voto en este momento de la historia colombiana.
Pero hay algo aún más importante que el resultado mismo y es aceptar el veredicto democrático. La verdadera prueba de una democracia no ocurre cuando se depositan los votos, sino cuando se conocen los resultados, es allí es donde las instituciones son sometidas a escrutinio y donde los ciudadanos demuestran si creen realmente en las reglas del juego únicamente cuando ganan o también cuando se pierde.
Colombia no puede seguir viviendo cada elección como si se tratara de una batalla definitiva entre el bien y el mal, ningún presidente salvará por sí solo a este país, ningún presidente lo destruirá en una sola noche, los países son mucho más grandes que sus gobernantes y mucho más resistentes que las narrativas apocalípticas de campaña.
El lunes 22 de junio, cuando se apaguen los reflectores electorales, la inmensa mayoría de los colombianos tendrá que levantarse temprano para trabajar, estudiar, emprender o buscar oportunidades. La vida seguirá su curso, los supermercados abrirán, los buses recorrerán sus rutas, los colegios recibirán sus estudiantes, las cuentas de servicios llegarán y el país continuará existiendo más allá de las emociones que hoy parecen tan intensas.
Por eso resulta tan absurdo romper amistades, fracturar familias o alimentar odios permanentes por cuenta de una contienda electoral. Las campañas pasan, Colombia permanece y quienes habitamos el fascinante mundo de la política sabemos que la historia nunca termina en una elección. Cada resultado abre un nuevo escenario, redefine liderazgos, reorganiza fuerzas y comienza a construir la siguiente disputa democrática.
Mientras algunos celebran y otros se queman, por otra parte se empieza a mover las piezas que desembocarán en las elecciones regionales de octubre de 2027, así funciona la democracia, vive en permanente movimiento.
Quizás por eso la política se disfruta mucho más cuando se practica con altura, inteligencia y sentido histórico, y no desde los infantilismos que convierten cada diferencia en una enemistad irreconciliable.
Pese a todo y en medio de tanta polarización, hay una imagen que resulta particularmente esperanzadora; mientras el país debate su futuro político, millones de colombianos volveremos a encontrarnos la próxima semana frente a una pantalla para alentar los mismos colores, cantar el mismo himno y celebrar los mismos goles. Durante noventa minutos desaparecerán las etiquetas ideológicas y volverá a aparecer algo más poderoso, la sensación de pertenecer a una misma nación, y tal vez, esa sea la lección que necesitamos recordar.
Antes que simpatizantes de un candidato, somos ciudadanos de un mismo país, antes que militantes de una causa, somos vecinos de una misma casa común y antes que vencedores o derrotados electorales, seguimos siendo colombianos.
Las urnas decidirán quién gobierna, pero la responsabilidad de mantener unido al país seguirá siendo tarea de todos y cada uno de nosotros.
*Este espacio de opinión es de carácter personal. Las ideas aquí publicadas son responsabilidad exclusiva de quien las escribe.

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