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jueves, 25 de junio de 2026

El domingo, Colombia respondió

Opinión- Actualidad Metropolitana

Jueves 25 de junio de 2026

Por: Juan Carlos Jurado



A las 3:45 de la tarde del domingo todavía había filas. No filas cortas, sino esas filas que uno solo ve cuando algo de verdad importa: gente parada bajo el sol, mirando el reloj, decidida a no irse hasta votar.




Yo había escrito hace unas semanas que esto era más que un mundial. El domingo, Colombia me dio la razón sin necesidad de pedírsela.


Vamos a los números, porque los números no opinan, simplemente cuentan.

Por primera vez desde 1998, el abstencionismo electoral cayó por debajo del umbral del 40%. La participación electoral se fijó en 63,59%, el porcentaje más elevado desde que existe la segunda vuelta en Colombia . Más de 26,34 millones de colombianos salieron a votar 

Para que se entienda la magnitud: el récord anterior se había alcanzado en la segunda vuelta de 1998, cuando Andrés Pastrana derrotó a Horacio Serpa, con una participación del 62,59%

Veintiocho años después, lo superamos.

Eso no es un dato técnico solamente. Es un mensaje. Es un país diciendo, con los pies y con la cédula en la mano, que ya no quiere quedarse en la casa decidiendo por omisión.


Y aquí va lo segundo que quiero destacar, porque también importa: la Registraduría Nacional cumplió. Boletín tras boletín, mesa tras mesa, con una agilidad y una transparencia que muchos colombianos —yo incluido— observamos con atención casi notarial. En un país donde la desconfianza institucional es casi un deporte nacional, ver un escrutinio rápido, ordenado, verificable, es en sí mismo una noticia que merece reconocimiento.

Las instituciones, cuando funcionan, no hacen ruido. Simplemente entregan resultados confiables y dejan que la democracia siga su curso. Eso fue exactamente lo que pasó el domingo.


Voy a ser honesto, porque esta columna no tendría sentido si no lo fuera. En primera vuelta yo voté por la doctora Paloma Valencia. Lo dije entonces y no tengo por qué esconderlo ahora. Creía, y sigo creyendo, que representaba una versión seria, firme y bien pensada de las ideas de la libertad.

Pero la primera vuelta es para escoger al candidato que más se parece a uno. La segunda vuelta es para escoger el país en el que uno quiere vivir. Y ahí no hay espacio para matices de familia política ni para preferencias personales. Ahí solo hay dos modelos, y uno tiene que elegir.

Por eso, cuando llegó el momento de votar entre Abelardo de la Espriella e Iván Cepeda, no dudé ni un segundo. No era una elección entre dos proyectos de derecha con pequeñas diferencias. Era libertad contra estatismo. Era empresa privada contra control estatal. Era la posibilidad de seguir construyendo riqueza contra el riesgo de empezar a repartir pobreza con otro nombre.

En ese cruce de caminos, mi voto fue para Abelardo. Sin titubeos, sin nostalgia de primera vuelta, sin condiciones.


Y entonces llegó el resultado: Abelardo de la Espriella, presidente electo de Colombia.

No voy a fingir neutralidad que no tengo ni que nadie me cree. Pero más allá de mi posición, hoy le hablo como colombiano a un presidente electo, no como simpatizante a un candidato ganador.

Doctor de la Espriella: lo que recibe no es solamente una banda presidencial. Es un país que viene golpeado, polarizado, cansado de la desesperanza administrada como política de Estado. Le entregaron una responsabilidad que pesa mucho más que cualquier discurso de victoria.

Devolvernos la esperanza no es una frase de cierre de campaña. Es la tarea más difícil de todas. Esperanza no es optimismo barato ni promesa de show. Es la certeza tranquila de que mañana se puede trabajar, invertir, emprender y vivir sin que el miedo decida por nosotros.

Colombia necesita volver a tomar su rumbo. Y el rumbo no se toma con un discurso bonito el día de la victoria. Se toma con instituciones respetadas, con economía que crece de verdad, con seguridad que no dependa de la suerte, y con un presidente que entienda que gobernar para todos no es una frase de cajón, sino un compromiso diario.


El domingo, Colombia hizo su parte. Salió, hizo fila, votó como nunca antes en su historia reciente.

Ahora empieza la parte difícil, que no es ganar una elección. Es merecerla todos los días durante cuatro años.

Esa es la tarea, doctor de la Espriella. Colombia ya hizo lo suyo. Ahora le toca a usted

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