Opinión- Actualidad Metropolitana
4 de abril de 2026
Aunque Manuel Zapata Olivella no dedicó estudios específicos a Segovia Antioquia, su concepto de “creatividad social del negro” —posteriormente sistematizado como imaginación creadora afrodiaspórica por William Mina Aragón— ofrece un marco analítico muy importante para reinterpretar el papel de los africanos y sus descendientes en la minería aurífera del nordeste antioqueño durante la colonia. Lejos de ser meros brazos de trabajo, los esclavos provenientes principalmente de la Alta Guinea trajeron saberes metalúrgicos y organizativos ancestrales que adaptaron al contexto colonial. Este artículo examina la ruta de ese conocimiento desde África hasta las minas de Segovia-Remedios-Zaragoza-Nechí, destacando el levantamiento de 1597 y la formación del palenque del Nechí (1580-1648) como expresiones concretas de resistencia creadora. Basado en fuentes primarias coloniales y estudios de Robert C. West, Germán Colmenares, Paola Vargas Arana y el propio Zapata Olivella, se argumenta que esta imaginación afrodiaspórica transformó la opresión en nuevas formas de saber técnico, organización social y legado cultural que aún resuenan en la tradición minera de la región.
La minería colonial en Nueva Granada constituyó uno de los pilares económicos del imperio español. Entre los siglos XVI y XVIII, el oro extraído de los placeres aluviales y algunas vetas representó una porción significativa de la producción americana. En la provincia de Antioquia, los distritos mineros del Magdalena.—Zaragoza, Cáceres, Remedios y las áreas que luego conformarían Segovia— concentraron importantes contingentes de mano de obra esclava africana, especialmente tras el colapso demográfico indígena.
Robert C. West, en su obra clásica Colonial Placer Miningin Colombia (1952), documenta cómo la explotación se basó inicialmente en técnicas indígenas de lavado de arenas (mazamorreo o barequeo), escaladas con herramientas de hierro españolas y fuerza de trabajo africana. Sin embargo, las narrativas tradicionales han tendido a reducir a los africanos a “brazos” o “fuerza bruta”. Manuel Zapata Olivella (1920-2004) desafió esta visión en sus ensayos de los años 1970, particularmente en la conferencia “Opresión y explotación del africano en la colonización de América Latina” (1976). Allí introdujo la noción de creatividad social del negro, afirmando que los africanos aportaron “conocimiento milenario” de extracción y metalurgia proveniente de regiones como Sudán, Sierra Leona y la Costa de Mina:
“El mayor aporte a la colonización dado por los africanos se concretó en las industrias ganadera y minera debido al conocimiento milenario que tenían de ellas. La extracción de hierro, cobre y metales preciosos era de antiguo uso en las regiones sudanesas de las tribus procedentes de Sierra Leona y de las costas de Malagueta y de Mina”.
William Mina Aragón sistematizó posteriormente este pensamiento bajo el término imaginación creadora afrodiaspórica. Se trata de la capacidad de los pueblos afrodescendientes de reconfigurar saberes ancestrales bajo condiciones de opresión extrema, generando nuevas formas culturales, técnicas y sociales. Este artículo aplica dicho concepto al nordeste antioqueño, demostrando que la llegada de conocimiento minero africano a Segovia no fue un proceso pasivo, sino un acto de agencia histórica.
La trata y la llegada de saberes africanos a Antioquia
Los esclavos destinados a las minas antioqueñas entraron principalmente por Cartagena de Indias a partir de la década de 1580. Una oleada significativa provino de la Alta Guinea (actual Sierra Leona, Liberia y Guinea), zona con tradición milenaria en minería de oro aluvial, lavado de arenas y fundición de hierro. David Wheat ha documentado cómo, desde los años 1560, el tráfico desde Cacheu y el río Sierra Leona intensificó el arribo de personas con experiencia en actividades extractivas.
Una vez en Cartagena, muchos eran trasladados por rutas fluviales (Magdalena y Cauca) hacia los reales de minas. En 1597-1598, Zaragoza llegó a contar con más de 4.000 esclavos frente a unos 300 españoles, lo que generó temor entre las autoridades coloniales. Aunque Segovia como pueblo se consolidó más tardíamente, formaba parte del mismo distrito minero de Remedios y el río Nechí, donde se explotaban tanto placeres como vetas tempranas.
Zapata Olivella enfatizaba que estos africanos no solo aportaban fuerza física, sino conocimientos técnicosapreciados por los amos: selección de vetas, manejo de cuadrillas, técnicas de lavado y supervivencia en entornos tropicales. Estos saberes, originarios de sociedades sudanesas y de la Alta Guinea, se fusionaron con técnicas indígenas de canalización hidráulica y herramientas de hierro españolas, configurando un híbrido técnico que Zapata denomina parte de la “creatividad social”.
El contexto minero del nordeste antioqueño en los siglos XVI-XVII
La minería en Antioquia se caracterizó por dos modalidades principales: placeres aluviales (lavado manual con batea o guadua) y, en menor medida, explotación de vetas con barretón y maza. West señala que la producción alcanzó su pico en la década de 1590 gracias al aumento de mano de obra esclava, pero decayó drásticamente en el siglo XVII por agotamiento de depósitos superficiales, fugas y rebeliones.
Germán Colmenares documenta que hacia 1598 había cerca de 3.000 esclavos en la provincia, cifra que cayó a menos de 400 en 1675. Esta inestabilidad favoreció las huidas masivas. Las minas de Zaragoza, Remedios y las áreas cercanas a Segovia fueron escenario de constantes tensiones. Los esclavos trabajaban en cuadrillas bajo condiciones extremas: jornadas prolongadas en ríos, exposición a enfermedades y violencia. Sin embargo, esta misma precariedad estimuló la resistencia.
El levantamiento de 1597 y el palenque del Nechí: expresión máxima de imaginación creadora
El caso más emblemático ocurrió entre 1580 y 1648 en las inmediaciones del río Nechí, territorio que conecta directamente con las futuras minas de Segovia y Remedios. Según la investigación exhaustiva de Paola Vargas Arana (2023), en diciembre de 1597 se planeó un “levantamiento general” en las minas de Antioquia. Decenas de africanos y afrodescendientes huyeron, formando un palenque fortificado que resistió al menos hasta mediados del siglo XVII.
Vargas Arana, mediante cruzamiento nominativo de fuentes del Archivo General de la Nación y otros repositorios, demuestra que los fugitivos cultivaron arroz en los alrededores del palenque utilizando saberes reconfigurados de sus sociedades de origen en la Alta Guinea y África Centro-Occidental:
“[...] en cercanías del río Nechí, la población fugitiva formó un palenque fortificado, con cultivos de arroz en el entorno, a partir de saberes reconfigurados de sus sociedades africanas de origen en la Alta Guinea y África Centro Occidental”.
El artículo detalla además que las fortificaciones seguían modelos africanos: “al modo de como los usan ellos en Guinea”, y que el palenque incluyó “sementeras muy grandes” de arroz, plátanos, maíz y legumbres. Este acto no fue solo militar o de supervivencia: constituyó una re-creación técnica y cultural. El arroz africano (Oryzaglaberrima) y sus métodos de cultivo fueron adaptados al ecosistema neogranadino, demostrando transferencia de conocimiento agrícola que complementaba los saberes mineros.
Para Zapata Olivella, este tipo de acciones ejemplifican la imaginación creadora afrodiaspórica: bajo la opresión, los africanos no se limitaron a resistir; reconstruyeron comunidad, economía y saber. El palenque del Nechí no fue un reducto aislado, sino parte de una red de resistencias que incluyó brujería, cimarronaje y reconstrucción étnica.Aunque las fuentes no describen explícitamente técnicas mineras africanas en el palenque, el contexto permite inferir que los mismos individuos que organizaron la fuga y el cultivo habían trabajado en las minas de veta y placer cercanas a Segovia. Su experiencia en prospección, manejo de agua y organización colectiva —heredada de tradiciones africanas— se reconfiguró en estrategias de autonomía.
Legado y proyecciones hacia Segovia
La minería en Segovia experimentó un segundo boom en el siglo XIX con la llegada de compañías extranjeras como la Frontino Gold Mines, que introdujeron tecnología industrial para explotar vetas subterráneas. Sin embargo, las bases culturales de la tradición minera local —incluyendo el barequeo artesanal, el conocimiento empírico de terrenos auríferos y una fuerte identidad resistente— guardan huella del mestizaje afro-indígena-español forjado en la colonia.
Hoy, la minería ancestral en el nordeste antioqueño es reivindicada como patrimonio cultural en un excipiente esfuerzo por buscar su formalización en lugar de la criminalización a la que sido sometida desde la formulación del código minero del 2001. Prácticas como el mazamorreo persisten entre comunidades afrodescendientes, y el imaginario de resistencia (palenques, cimarrones) forma parte de la memoria colectiva. La imaginación creadora afrodiaspórica permite leer este legado no como mera supervivencia, sino como contribución activa a la formación de la identidad regional.
A manera de conclusión, Manuel Zapata Olivella nos invita a superar la narrativa victimista. Los africanos que llegaron desde el río Sierra Leona hasta el Nechí no solo extrajeron el oro que financió el imperio español; también extrajeron de su memoria colectiva las herramientas intelectuales y técnicas para sobrevivir, resistir y fundar nuevas realidades. El levantamiento de 1597 y el palenque del Nechí constituyen evidencias históricas de esa imaginación creadora que Zapata celebraba como “creatividad social del negro”.
Aplicar este marco a Segovia y el nordeste antioqueño enriquece nuestra comprensión de la minería colonial: no fue solo un espacio de explotación, sino de transculturación y agencia afrodiaspórica. Reconocerlo implica una deuda epistémica y ética con los descendientes de aquellos africanos que, a pesar de todo, re-crearon saber y libertad en las entrañas de la tierra antioqueña.
Este análisis espero que abra caminos para investigaciones futuras: estudios arqueológicos en el Nechí, análisis genéticos de comunidades mineras actuales o comparaciones con otras regiones auríferas (Chocó, Cauca). En última instancia, la imaginación creadora afrodiaspóricano solo explica el pasado; invita a repensar el presente de la minería en Segovia desde una perspectiva más inclusiva y descolonizada.
Bibliografía
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